Los Caballeros de la Mesa Periódica

Muy atentos a esta historia 
elemental banquete en un tablero. 
Preside Mendeleyo, el anfitrión, 
y Moseliyo, su fiel compañero.



Sesenta y tres invitados 
en filas van ordenados. 
Los hay de poco comer 
y los hay de buen yantar, 
buen criterio, al parecer, 
para ocupar su lugar. 

Mendeleyo observa entre las viandas
que se encuentran vacías cuatro sillas.
¿Y dónde estarán estos piltrafillas?
—dijo— ¡Que no sirvan aún las comandas!

Recorre filas arriba y abajo
identificando a los no presentes.
“Tardan en venir estos ekausentes.
La comida en un táper y al carajo.” 

Llegaron los platos del cotillón. 
Menús para halógenos y alcalinos. 
También para nobles, los muy ladinos,
y para metales de transición. 

Todos comen con fruición
salvo seis enfadados. 
Sus platos intercambiados,
digno es de reclamación. 

  

Un problema en el convite
altera el festín periódico.
Moseleyo acude al quite
haciendo un hallazgo histórico.

Reparte aceitunas a discreción
y cuando el ágape hubo terminado
todos los huesos habría contado,
uno a uno por ración.

En el plato del hidrógeno un hueso,
cinco para el boro y diez para el neón,
noventa y dos del uranio tragón
y ciento diecisiete del teneso.

Con nuevo orden, llegan más invitados;
los breves, radiactivos y pesados.
La receta de dos chefs magistrales.
Un símbolo entre los universales.

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