Retrato alfabético de Agustina Ruiz Dupont

AGUSTINA RUIZ DUPONT


Uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia,
pero su tren vendió boleto de ida y vuelta.
Joan Manuel Serrat



Almuñecar. Localidad donde nació en 1861. Sus padres, Fernando Ruiz y Enriqueta Dupont, tuvieron seis hijos de los cuales Agustina era la menor.

Baúl. El 3 de noviembre de 1980, durante unas obras de remodelación en el sótano del Palacio de El Pardo, se descubre un baúl propiedad de Francisco Franco. En su interior se encuentran tres cartas, programas de mano de un espectáculo de copla, un disco gramofónico de pizarra, un mantón de Manila y una tesis doctoral de la Universidad Central de Madrid. Fechada el 23 de noviembre de 1923, lleva por título “Sobre las propiedades magnéticas de los materiales”. Su autora es Agustina Ruiz Dupont.

Cartas. En la primera carta del baúl, fechada en abril de 1923, Einstein agradece a Blas Cabrera su acogida en su visita a Madrid y le comenta lo impresionado que ha quedado por el talento científico de Agustina, su alumna de tesis. La segunda carta es la invitación a Blas Cabrera y a Agustina Ruiz para la Conferencia Solvay de 1930. En la tercera carta, fechada en 1918, Marie Curie recomienda a Blas Cabrera que acepte dirigir la tesis a Agustina, una de sus alumnas más brillantes en La Sorbona.

Depuración. Ya que su propio director de tesis, Blas Cabrera, fue sometido al proceso de depuración franquista, desposeído de sus cargos y reconocimientos, no es de extrañar que la huella de Agustina y su trabajo fuesen también borrados de la Historia de España.

Espectáculo. Aunque Agustina no constaba en el listado oficial de participantes en la Conferencia Solvay, sino que asistió como oyente, tuvo un papel muy activo en todos los debates que se celebraron. Su momento destacable transcurrió durante el acto de clausura, en el cual dedicó una copla a Bohr y Einstein sobre su célebre controversia. Mientras Agustina cantaba, su primo Enanita blanca (que solía acompañarle de palmero en sus actuaciones) hacía la traducción simultánea con la ayuda de unas pizarras.





Física. Agustina Ruiz estudió física en La Sorbona entre 1909 y 1914 con excelentes calificaciones, según su expediente académico en la universidad parisina. Aunque poseía sólidos conocimientos de la física de vanguardia en la época, su especialidad era la mecánica cuántica.

Generación del 27. Pepín Bello, conocido por haber dejado testimonio fotográfico de los artistas y pensadores de esta época, introdujo a Agustina en el círculo de la Residencia de Estudiantes. A Federico García Lorca debe el apodo cariñoso de “Fotoncita”. También frecuentó tertulias y actividades del grupo de mujeres de la Generación del 27, conocidas como Las Sinsombrero.

Humillación. Se rumoreaba que tras una actuación de Agustina, Franco se había encaprichado de ella. Le escribía cartas y fue muy insistente para ganar su atención. Posteriormente, con motivo de otra actuación, Agustina dejó en evidencia a Franco delante de otros generales. Es posible que este episodio haya tenido influencia en su desaparición como una de las mayores científicas de nuestro país.

Inquietudes. En una carta a Pepín Bello, fechada en 1933, Agustina toma una dramática decisión preocupada por el analfabetismo científico que sufre España: abandonar su prometedora carrera y emprender itinerario por los pueblos de España, en una versión científica de las Misiones Pedagógicas con su espectáculo “La Barraca Cuántica”.

Jerez. Agustina completó el cariñoso sobrenombre que le otorgó Lorca para obtener su nombre artístico, Fotoncita de Jerez. Como cantante de copla se hizo conocida con obras como “El gato de Schrödinger”.




Kramers. Uno de los físicos con quien Agustina departió con más interés en la conferencia Solvay fue Hendrik Kramers, por su aplicación de la teoría cuántica a las propiedades magnéticas y ópticas de la materia.

La sinsombrero. En una de las cartas de Agustina a Erwin Schrödinger se puede constatar a qué nivel llegó la relación entre ambos:
Ahora que ya soy una sinsombrero, ya puedo decirte que sí. Que voy a donde tú quieras y a mí me apetezca, aunque sea a las montañas más altas.
Durante las navidades de 1925, Schrödinger llegó a un romántico hotel de Arosa, en los Alpes suizos, en compañía de una mujer desconocida. La identidad de la mujer había sido un misterio hasta ahora.

Marie. Marie Curie hubiera dirigido la tesis de Agustina Ruiz de no ser por su decisión de marcharse al frente. Durante la Primera Guerra Mundial se encargó de desarrollar los “petits Curie”, vehículos dotados de equipos portátiles de rayos X para el diagnóstico de los heridos.

Negada. En una primera versión de la fotografía de los asistentes a la Conferencia Solvay de 1930, aparecía en la fila superior una mujer no identificada. Ahora se sabe que esta mujer era Agustina Ruiz que, como se puede observar, no se encuentra en la fotografía oficial, en la cual la única mujer es Marie Curie (sentada, la quinta desde la izquierda).





Oxígeno. Su copla "Oxígeno" es de las primeras que utiliza Agustina Ruiz para divulgar, en este caso, la teoría atómica, ilustrando en sus estrofas las distintas partículas subatómicas.

París. Los archivos de La Sorbona y de Marie Curie han resultado fundamentales para comprobar la identidad y trayectoria de Agustina Ruiz, rastro que en España fue eliminado durante la dictadura.

Mi Querido primo, mi Enanita blanca. Es el comienzo de una carta que acompaña a una caja y que confía a quien fue su palmero y confidente. Ocultas de la memoria, en ella se encuentran misivas de Lorca, Dalí o Pepín Bello, cartas de críptico significado de Einstein y de Heisenberg, y cartas emotivas de Marie Curie y de Erwin Schrödinger. La caja de Fotoncita, de la que Enanita blanca nunca se desprendió, contenía lo que Agustina pudo haber sido.




Ruizeñora. Apodo por el que era conocida durante su infancia en Almuñecar, ya que la requerían en todos los festejos por lo bien que cantaba,

San Sulpice. En esta calle de París, Agustina compartió piso con otras compañeras en su época de estudiante en La Sorbona. El humilde estudio se encontraba a pocos minutos de los Jardines de Luxemburgo, por donde a Agustina le encantaba pasear.

Teoría del todo. Agustina Ruiz fue una adelantada a su tiempo al ser de las primeras personas que entendió la necesidad de obtener una “teoría del tó” que unificara la relatividad general y la mecánica cuántica.

Únicas. Es el calificativo que merecen todas las mujeres científicas españolas de las primeras décadas del siglo XX, que Agustina representa. Mujeres brillantes a las que la Historia negó su lugar.

Visionarias y pioneras como Mª Paz García del Valle, Dorotea Barnés, Piedad de la Cierva Viudes, Felisa Martín Bravo, Jenara Arnal Yarza, Manuela González Alvargonzález, Pilar Madariaga Rojo o Mª Teresa Salazar Bermúdez son las sinsombrero de la ciencia española: las sincátedra.

X. La incógnita que pesa sobre parte de las vidas de estas mujeres, sobre su destino tras el exilio. De quienes se llega a desconocer, incluso, su año de nacimiento o de fallecimiento.

Y. La conjunción que los mantuvo unidos en la adversidad. Fotoncita y Enanita blanca.

Zombie star. Así llaman los astrónomos a las enanas blancas supervivientes de la explosión de una supernova. Tras la devastación del olvido, Enanita blanca sobrevivió para conservar la memoria de una brillante estrella.

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Retrato basado en la obra "El enigma Agustina", una idea de Manuel González (@manolux4444) y Emilio García (@iaaucc), del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC).

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Esta entrada participa en el blog de narrativa científica Café Hypatia con el tema #PVcienciaemigrante.

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