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Hawking y el tiempo

En 1992, Stephen Hawking conjeturó sobre la existencia de una misteriosa entidad, la Agencia de Protección de la Cronología cuya misión sería, en forma de ley física, la de impedir los viajes en el tiempo. Habría una buena razón para ello, y es que se podría dar la paradoja de que el propio Hawking, en su silla de ruedas y con su sintetizador de voz, se encontrase con su yo del pasado caminando por los jardines de Cambridge siendo aún estudiante. Más adelante, el físico abandonó esta conjetura dejando abierta la cuestión de los viajes en el tiempo. Quién sabe por qué quiso replantearse la idea, pero cabe la posibilidad de que abrazara la esperanza de regresar, de algún modo, a esos tiempos en los que la esclerosis lateral amiofrófica no hubiese causado mella aún en su organismo. No obstante, la ELA solo se impuso sobre las neuronas motoras y esto cambió su historia. La silla sobre la que vivió el resto de su vida se convirtió en el trono desde el que gobernó su pensamiento acerca de

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