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Sonidos de Korotkov

Arturo Toscanini era una bullente mezcla de extraordinario talento y temperamento turbulento. Exigente hasta la perfección en los ensayos, resultaba temible para los integrantes de cualquier orquesta. Exasperado ante los errores de los músicos o llevado por la ira si no seguían al pie de la letra sus instrucciones, lanzaba toda clase de maldiciones mientras rompía la batuta o arrojaba con furia su reloj de bolsillo al suelo. En uno de sus cumpleaños, los profesores le regalaron un Ingersoll, un reloj tan tosco como resistente con una inscripción en la tapa: "Para los ensayos".
Dotado de un oído excepcional, Toscanini podía distinguir la más mínima disonancia de un violín o de un oboe en un fortíssimo, donde sonaran a la vez casi 100 instrumentos. Además, la armonía debía estar presente tanto en el sonido como en su ausencia. Un golpe de su batuta al final de un movimiento provocaba la extinción de la música en toda la orquesta de manera simultánea y exquisitamente coordinada.

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