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(Viene de la parte I ) La gravedad del problema hizo huir a la mayoría de los investigadores de esta inviable posibilidad que, sin embargo, Katalin estaba decidida a explorar. Llegó a pasar una Navidad y una Nochevieja realizando experimentos y solicitando subvenciones que le denegaban por sistema. En la universidad le dieron un ultimátum: si continuaba su empeño en ese callejón sin salida, sería degradada de su posición académica y se recortaría su retribución salarial. El aliento del dragón volvió a devastar a Katalin. En esa misma semana se le diagnosticaba un cáncer, y su esposo, que había viajado para recoger su tarjeta de residencia, quedó atrapado en Hungría durante seis meses por un problema de visado. Cargada de determinación, aceptó sus humillantes condiciones académicas prometiéndose a sí misma que perseguiría el problema con tenacidad.  En 1997, una época en la que aún había que acudir a la fotocopiadora para obtener los artículos de las revistas científicas impresas, Kata

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