Invisibles entre confituras y telas (I)

Fanny Hesse. Una base sólida


A los primeros investigadores de la vida microscópica se les podría llamar “cazadores de microbios”, aunque quizá sería más apropiado el apelativo de “pescadores”. Un medio apropiado para el cultivo de microorganismos debe reunir dos características básicas: ser estéril y rico en nutrientes. Las elecciones más obvias se dirigieron hacia medios líquidos, como la orina o el humor acuoso de ojos de buey. Pero “pescar” bacterias en esos nutritivos caldos resultaba difícil, sobre todo cuando estaban presentes dos o más tipos de microbios que era necesario aislar para cultivar por separado. Se hizo imperativo encontrar medios de cultivo en estado sólido. 

Los ensayos utilizando rodajas de patata parecían prometedores. Las bacterias que se inoculaban, invisibles al principio, se multiplicaban en la superficie de la patata hasta formar colonias apreciables a simple vista que podían extraerse con facilidad para su estudio o para inocularlas en otro cultivo. Pero la mayoría de las bacterias de interés, productoras de enfermedades, no crecían en la patata. Por eso, la posibilidad de utilizar gelatina fue recibida como agua de mayo que pronto quedó en agua de borrajas. El metabolismo de las bacterias degradaba la gelatina que, por si fuera poco, se volvía líquida con las temperaturas veraniegas. 

Es en este momento cuando una exótica innovación culinaria entra en escena para cambiar la historia de la microbiología. Fanny Hesse, asistente de su esposo en el laboratorio de Robert Koch, conoce un truco que merece la pena probar. Desde que unos amigos que residían en la isla de Java le hablaron del agar, un extracto de algas con poder gelificante comúnmente usado en la cocina indonesia, Fanny lo añade a las jaleas y confituras que prepara.



Placa de Petri rellena con agar.

Angelina Fanny Hesse.

















El nuevo medio de cultivo, como si se materializase el más afortunado sueño de un microbiólogo, no podía ser mejor. Calentado hasta licuarse, el agar podía añadirse a cualquier caldo nutritivo que se solidificaría al enfriarse. Es un medio inerte que permite ser esterilizado, que las bacterias no degradan y que permite distinguir a la perfección el crecimiento de las colonias por su aspecto traslúcido. 

Hacia 1882, el agar completó una terna de logros que no se hubiese conseguido sin la visionaria aportación de Fanny Hesse. Un recipiente transparente, chato y con tapa sería el receptáculo idóneo para el medio de agar, que acabó conociéndose como placa de Petri en honor a Julius Petri, también colaborador del mismo laboratorio. El mismo Robert Koch fue inmortalizado al bautizarse con su nombre el bacilo causante de la tuberculosis. Irónicamente, el bacilo de Koch fue aislado por su descubridor utilizando un medio de cultivo solidificado con agar. Por la misma regla, el nuevo medio de cultivo debía homenajear a su inventora, pero no sucedió así. En 1939, en un artículo del Journal of Bacteriology con el título “The Introduction of Agar-agar into Bacteriology”, sus dos autores pusieron en valor tan inestimable aportación. Las líneas con las que concluyen el artículo dicen así: 

Cuando murió en 1934, pocos bacteriólogos supieron de su fallecimiento; pocos supieron incluso de su existencia. Hay innovaciones y descubrimientos de menor trascendencia que se conmemoran con el nombre de su descubridor. ¿No se debería designar a la placa de agar como el medio de frau Hesse? Su contribución a la Bacteriología la hace inmortal.

 

(Continúa en la parte II)

________________________________________

Esta entrada participa en el blog de narrativa científica Café Hypatia con el tema #PVreferentes.

Comentarios